El PP está obligado a buscar una solución urgente para la situación del exlíder del partido en la Comunitat. Su condición de diputado en Les Corts -ocupa el sillón 43 del hemiciclo aunque hace semanas que no acude al Palau de Benicarló- así lo aconseja. Su intención de tomarse un periodo de descanso o el año sabático que ayer mismo le recomendó el presidente del Parlamento valenciano, Juan Cotino, le obligan primero a tomar alguna decisión con el escaño en la Cámara. Seguir sin acudir a los debates plenarios crearía una situación incómoda para el resto de parlamentarios, además de que no contribuiría a espantar la sombra de Camps del hemiciclo y de la cabeza de Alberto Fabra.
Para los populares, la salida del exlíder popular debe ser acorde con el protagonismo político que ha ejercido. Su situación personal y política, la visibilidad a nivel nacional que sigue teniendo cada una de sus declaraciones, le convierten en una especie de patata caliente sobre la que el partido se ve obligado a actuar. No hay prisas, admite un dirigente popular, pero tampoco puede haber pausas.
Y lo cierto es que, según se sostiene, las decisiones adoptadas por Francisco Camps durante los últimos tres años en relación con este proceso se convierten ahora en intachables. Primero, por su resistencia a abandonar sus responsabilidades públicas desde el convencimiento de su inocencia -a pesar de que la oposición se lo solicitó con reiteración- . Y segundo, por el momento en el que lo hizo, como «sacrificio» -según su propia palabra- para propiciar la victoria de Mariano Rajoy en las elecciones generales que se celebraban unos meses después. Una actitud que permite ahora al dirigente popular subrayar que actuó anteponiendo el interés de su partido al personal.