Por una feria sin esclavos

Los hemos visto cientos de veces, seguramente, e ignorando lo que estábamos apoyando con nuestro dinero, nos hemos subido cuando éramos niños. Ni nosotros ni nuestros padres no hemos preguntado si tenían frío o calor, si pasaban sed o hambre o cuantas horas llevarían en esa vuelta sin fin.

Son tratados como maquinas de hacer dinero, obligados a vivir y viajar en pésimas condiciones y a trabajar hasta las últimas consecuencias.

La llegada del verano trae consigo las ferias, con sus tómbolas, su algodón de azúcar, su noria, sus coches de choque y la crueldad de los carruseles de ponis.

Aunque algunos siguen viendo esta atracción como una forma inocente de que los más pequeños pasen un buen rato. Lo cierto es que estos animales son obligados a trabajar más de 9 horas sin parar, soportando el altísimo ruido de la feria y las cegadoras luces.
Por suerte, cada vez son mas los ayuntamientos que han dado un paso por el bienestar de los animales y han prohibido que se instalen estas atracciones en sus ciudades como ya ha hecho recientemente la localidad de Tudela (Navarra) que tras escuchar a sus vecinos ha tomado la maravillosa decisión de decir “no” ha este maltrato animal tan arraigado como cruel.

“Lo que ha ocurrido en el Ayuntamiento de Tudela ha sido que hemos atendido y respondido a las inquietudes y peticiones de un grupo de protectoras de animales, asociaciones y vecinos y vecinas que estaban preocupados con el sufrimiento de estos animales. Se ha considerado por todos los grupos del Ayuntamiento por unanimidad y se ha decidido no permitir esta atracción de la feria dado que hay otras muchas atracciones que permiten el disfrute y diversión de los niños sin que se produzca un posible sufrimiento a los animales. Consideramos desde el Ayuntamiento que es un sufrimiento innecesario y de ahí la decisión tomada ”, explica Joaquim Torrents Delgado, Concejal de Organización y Calidad de Tudela.

Aunque algunos piensen que es una medida algo exagerada, es importante destacar que estos animales son atados a un carrusel que les obliga a andar sin cesar, sin posibilidad de descansar, comer, beber o relacionarse con los otros ponis.

Tampoco disfrutan de unos servicios veterinarios adecuados al duro trabajo que realizan, a pesar de que sufren terribles dolores de espalda, desviaciones vertebrales e incluso cegueras parciales por culpa de las luces.
“Los ponis se usan como objetos, no tienen en cuenta que son seres con sentimientos, y que necesitan descansar, beber,…”, afirman desde Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Navarra.

Este tipo de iniciativas nos recuerdan que cada vez son más las personas que exigen a los gobiernos que trabajen por mejorar la vida de los animales y por hacer saber a todos los ciudadanos que los caprichos de unos pocos nunca serán lo suficientemente importantes como para que existan esclavos que los lleven a cabo, sean de la especia que sean.

Además de servir para siempre de ejemplo en materia de concienciación animal, el ayuntamiento de Tudela ha demostrado a sus vecinos que todavía se puede cambiar el mundo y hacer de él un lugar mejor para todos.
“Entendemos que hay una tradición importante al respecto pero también es cierto que seguimos garantizando el disfrute en las ferias de los más pequeños. Además siempre tienen la oportunidad de conocer a estos animales en granjas escuela o en parques donde el sufrimiento no es tal”, explica Torrents.

Pronto volverá la feria, con sus luces, su tiovivo y su tren de la bruja, pero gracias al afán de vecinos, asociaciones y protectoras, ningún poni volverá a dejarse la vida con cada vuelta, ningún euro volverá a alentar su castigo y Tudela no volverá a ser testigo de su esclavitud.

Publicado por

Patricia Moreno

Periodista todoterreno de Valencia apasionada de los animales, la TV, las redes sociales y el buen cine.

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