Al final no pudo ser


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El Valencia estuvo vivo en la eliminatoria 170 minutos, pero el gol de Xavi mató a un equipo al que le faltó creérselo para haberse clasificado para la final. La octava Copa del Rey tendrá que esperar.

Los de Emery no dieron ese punto de intensidad que requería el partido, pero aún así dispusieron de ocasiones para haber forzado la prórroga. El conjunto blanquinegro se arrepiente a estas horas de los goles que no marcaron Jordi Alba y Aduriz, quienes estuvieron a punto de batir a Pinto. Ya que Diego Alves lo había sacado todo, porque la defensa sin duda fue lo peor del equipo, especialmente un lamentable Víctor Ruiz, un mínimo acierto en ataque hubiera cambiado la decoración.

El Valencia empezó dominando. El equipo de Emery pareció no acusar la baja de última hora de Soldado por gripe y salió valiente, con Banega muy participativo creando juego y Albelda adueñándose de la medular. En los primeros trece minutos lograron desactivar el centro del campo del Barcelona. Fruto de ello, Feghouli tuvo las dos ocasiones más claras que hicieron soñar al valencianismo.

La primera, tras un centro desde la derecha que no llegó a rematar de lleno el argelino, y la segunda, más clara, después de un fantástico pase de Mathieu desde la izquierda que le dejó solo ante Pinto. Desde la frontal, envió un potente zurdazo que llegó a tocar en la parte exterior de la red.

Y cuando más cómodo estaba el Valencia sobre el césped, llegó el gol de Cesc. El catalán recibe el balón en el área tras un gran pase largo, se adelanta a Miguel y cruza ante la salida de Diego Alves para marcar el 1-0. Un jarro de agua fría que cortocircuitó al equipo de Emery. A partir de ahí el conjunto blanquinegro desapareció y esa valentía se transformó en inseguridad defensiva.

El Barça llegaba más y con más peligro, dominaba claramente. La zaga valencianista era un flan en cada ataque barcelonista. Temblaba cuando veía venir a los blaugrana. Primero Rami, con una pérdida de balón imperdonable ante Messi, que el argentino perdonó cuando encaraba a Diego Alves. Luego Miguel, al que se le fue en repetidas ocasiones Cesc. Más tarde Víctor Ruiz, con otro regalo para el ex del Arsenal. Una auténtica calamidad.

 
 
 

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